Puente de los Enamorados (Providencia y Santa Catalina)
lunes, 09 de junio de 2008

Los puentes de los enamorados se encuentran en muchas partes del mundo: en el Parque Güell en Barcelona; en el Canal Vasse, en Francia; en Riga; en el río Dnieper en Kiev; en el río Sena en París (Pont Marie) e, incluso, en un pueblo polaco Więcbork. Existe también el Puente de los Enamorados en el Caribe colombiano.

En Puente de los Enamorados, que une las islas de Providencia y Santa Catalina, es único no solamente por su colorido. Este pintoresco puente flotante ayudó a los 200 habitantes de la isla de Santa Catalina a movilizarse y cruzar el mar para llegar al centro de la ciudad, a la escuela o al hospital, ya que antes de su construcción la gente tenía que cruzar el canal de agua de largo de unos 100 metros en canas o piraguas.

Puente de los Enamorados (Providencia y Santa Catalina)

El canal artificial que separa la Providencia de Santa Catalina fue dragado en el siglo XVII por los piratas para defender las islas ante los invasores. En la isla de Santa Catalina, los corsarios Henry Morgan y Louis Aury construyeron las fortificaciones y colocaron los cañones que se encuentran allá hasta el día de hoy. De estos cañones atacaban a todos los intrusos que se acercaban a las islas.

En el canal artificial, sostenido sobre balsas fijas y flotantes se encuentra el Puente de los Enamorados que en el centro, mediante una especie del túnel, da paso a embarcaciones reducidas.

En todo el largo del puente se han colocado pequeños bancos de madera con figuras de cangrejos grabadas y las farolas que alumbran el puente por las noches. Todo esto crea un ambiente irrepetible para los enamorados o para los soñadores solitarios.

Pero por el Puente de los Enamorados en el Caribe colombiano caminan no solo las parejas enamoradas sino todos aquellos que quieren trasladarse de una isla a la otra por diferentes razones:

  • para descubrir una playa pequeña y muy romántica, adecuada para apenas dos personas que se esconde a unos 500 metros del Puente, caminando por la orilla del mar, detrás de un monte en cuya cumbre se encuentra la figura de la Virgen que mantiene el ojo puesto a lo que pasa en la playita,

  • para comer una deliciosa y fresca langosta, recién sacada del mar, buen pan de coco y algunos dulces tradicionales, igualmente exquisitos,

  • para comprar el aceite de coco,

  • o, simplemente, para pasear entre las casas afrocaribeñas y respirar el aire de las islas.

Desde el Puente de los Enamorados, el paisaje de ambas islas es confortante y tranquilo: el mar de siete colores, que cambian desde las franjas de verde clarito hasta azul oscuro, el extenso arrecife coralino, las gaviotas y las embarcaciones coloridas de los pescadores en el horizonte.

Los isleños también se sientan en el puente, sobre todo por las tardes, cuando el cielo se llena de las estrellas y el Puente de los Enamorados se alumbra por los faroles, cuya luz no se apaga ni siquiera durante el día. Hablan entre ellos no en español, sino en la variante caribeña de inglés (el creole), pican el pan de coco o mastican la caña de azúcar.

Y nosotros, pasamos por el puente muy despacio, “agachándonos para no enredarnos con las estrellas. […] Islas así no emergen todos los días.
El fotógrafo colombiano, Andrés Hurtado García, en su artículo “La divina Providencia, la isla que me negaba a conocer.”