Portal de los Dulces (Cartagena) - uno de los escenarios de "El amor en los tiempos del cólera"
martes, 17 de abril de 2007

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.”
El amor en los tiempos del cólera
Gabriel García Márquez

Con esta frase empieza una de las historias más bellas del amor de toda literatura mundial, el amor imposible entre la orgullosa Fermina Daza y el modesto Florentino Ariza que puede cumplirse después de cincuenta y tres años, siete meses y once días, cuando ambos son viejitos y su vida llega al final. El escenario de esta historia es la ciudad de Cartagena, que, de todas formas, nunca queda mencionada de forma explícita en el libro, pero al leerlo, el corazón nos dice que es así.

Ahora, después de visitar la ciudad de Cartagena, todos los escenarios de El amor en los tiempo del cólera, se me aclararon y ya sé que uno de los puntos claves de la novela se desarrolló en el Portal de los Dulces. En el libro, el lugar se llama Portal de los Escribanos, pero en realidad es el mismo sitio, situado bajo las arcadas que dan una deliciosa sombra protectora contra los rayos del sol tropical de la Costa Caribe. Este es el Portal de los Dulces, el mismo, donde Fermina Daza de desilusionó, al encontrarse cara a cara con el que pensaba era su amor. “Volvió la cabeza y vio a dos palmas de sus ojos los otros ojos glaciales, el rostro lívido, los labios petrificados de miedo tal como los había visto en el tumulto de la misa del gallo la primera vez que él estuvo tan cerca de ella, pero a diferencia de entonces no sintió la conmoción del amor sino el abismo del desencanto”.

Esta galería “de arcadas frente a una plazoleta donde estacionaban los coches de alquiler y las carretas de carga tiradas por burros, y donde se volvía más denso y bullicioso el comercio popular” está ubicada justo enfrente de la Plaza de los Coches que era el antiguo mercado de los esclavos.

Allí, las vendedoras mulatas, entre ellos la señora Minerva García que lleva trabajando en este lugar largos años, ofrecen típicos dulces caseros cuyas recetas son guardadas con mucho celo y orgullo para proteger la calidad de los productos.

Y yo paso entre los arcos y no puedo detenerme ante estas especialidades cartageneras: un cubanito (masa de coco con leche), un caballito de papaya viche, una bola de tamarindo, cocadas de piña, canela, leche, guayaba, maní o coco, un panderito de yuca, una casadilla de coco, una bola de harina de maíz o una muñeca o un marranito de leche.


Ese es el Portal de los Dulces, donde por las tardes tropicales camina el triste, pero valiente Florentino Ariza, desafiando su destino y la arisca Fermina Daza junto con su esposo, doctor Juvenal Urbino, que visita a sus pacientes en el coche a caballos. Allí, hoy en día, se sigue respirando el olor a almendras amargas de la historia de amor más hermosa de la literatura.