Volcán Nevado Ruiz: El paseo en las nubes
sábado, 07 de abril de 2007

En enero de 2007, junto con mis padres, Mario, Vera y nuestro gran amigo Germán Arboleda, estuvimos visitando la región del Eje Cafetero: Armenia, Pereira y Manizales. Ya desde la misma ciudad de Manizales, situada en la altura de 2126 m sobre el nivel del mar, en un día asoleado y sin nubes se puede vislumbrar el imponente volcán Nevado del Ruiz o, como lo solían denominar los indígenas, Kumanday.

Nevado RuizObservar el Nevado Ruiz en las primeras horas de la mañana, gigante, silencioso, pero en el fondo activo, es algo mágico. Kumanday es una hermosa montaña de 5.321 metros que, sin lugar a dudas, es el volcán nevado más famoso de Colombia. Está ubicado en El Parque Nacional Los Nevados que reúne cinco cráteres volcánicos: El Ruíz, El Cisne, Santa Isabel (4950 m.s.n.m), El Quindío y Tolima (5.200 m.s.n.m), en su mayoría inactivos, unidos por una cima estrecha de los Andes colombianos.

El Nevado Ruiz parece un dragón inmenso, pero todos saben que es un gigante dormido que en cualquier momento despierta. Cuentan los manizalitas que aquella trágica noche de lluvia, del 13 de noviembre de 1985, en la ciudad no se sintió el estruendo de la erupción del Ruiz. Aquella noche, el gran Kumanday desahogó sus entrañas de fuego y diluyó los glaciales centenarios para convertirlos en ríos de lodo que borraron del mapa la ciudad de Armero y se llevaron las vidas de más de 25.000 colombianos, dejando a otros 20.000 heridos, mutilados y gravemente afectados psicológicamente. Kumanday fue el responsable de la tragedia de mayor magnitud en la historia de Colombia.

ManizalesNuestra aventura empieza desde la ciudad de Manizales que se encuentra ya en una altura bastante grande, que, como vamos a ver más adelante, no es nada comparado con la altura de 5.300 metros. Salimos de Manizales temprano en dos carros (mujeres en el Reanult Twingo de nosotros y hombres en el campero), a eso de las 9 de la mañana, después de un buen desayuno, vestidos como cebollas (en camisetas, sacos y chaquetas) en botas, pantalones cómodos, con gorros, bufandas y guantes en los maletines.

Después de recorrer una hora y media por una carretera que subía de forma constante hacia las montañas, llegamos a un lugar conocido como La Esperanza, donde se inicia el camino destapado. Esta parte del trayecto es considerada la segunda carretera construida a mayor altura sobre el nivel del mar en América y la cuarta en el mundo. Es indudablemente una maravilla de la ingeniería, pero que le ha causado más de un ataque del corazón a los vehículos que a esta altura presentan varios problemas mecánicos, varándose cada cuantos metros.

Subida al NevadoDesde La Esperanza, comenzamos a disfrutar el ecosistema de prepáramo. El ambiente se puso húmedo, con una niebla bastante densa y un frío penetrante.
La primera parada obligada antes de llegar al Parque es El Arbolito o Mirador en la altura de alrededor unos 4.050 m. Aquí, la cosa se puso interesante, ya que por primera vez había que bajarse del carro, descansar, tomar la tradicional aguepanela con queso, té de coca, chocolate caliente u otras bebidas energetizantes.

ParadaLos guías no recomiendan comer mucho dulce, ni tomar licor los días previos a la escalada. Además, se requiere un buen estado físico, un corazón fuerte y buenos pulmones. Es bueno llevar mucha agua, maní y frutas.

A partir de este momento, fue indispensable desabrigarnos, abrir todas las ventanas del carro y respirar fuerte, ya que la subida al volcán es bastante elevada y las diferencias de altura provocan mareos, dolores de cabeza, problemas con la respiración y un malestar general.

Paisaje desérticoLa siguiente parada, llamada Brisas, es una cabaña de guardaparques y un puesto de control para el ingreso al Parque. Allí, hay un pequeño auditorio donde se dan charlas necesarias para prepararse a subir al volcán. Allí, también terminó la civilización, la flora y fauna del páramo y empezó el paisaje lunar, lleno de piedras misteriosas, que eran los antiguos sitios de peregrinaciones de los indígenas.
A partir de ese momento, la aventura se hizo aún más emocionante. Todos nos subimos al campero, ya que el Renault Twingo es un carro muy bajito y urbano y no soporta viajes por carreteras destapadas.

MalestarPasamos por el Valle de las Tumbas donde los indígenas en las épocas anteriores hacían sus rituales a sus dioses – montañas y a la Pachamama o Madre Tierra y donde en la actualidad en las noches de luna llena se organizan los conciertos de saxófonos.

Así, llegamos al último paradero, El Refugio, situado a la altura de 4.800 m. Allí se dejan los carros y se empieza a subir a pie unos 350 metros para llegar a la cima cubierta de hielo y nieve de Kumanday. Para él que nunca estuvo en la altura de más de 5.000 m, estos 350 m parecerán poco. Respirar a esta altura es difícil, muy difícil. Hacer unos pasos es aún más duro. Los músculos se ponen flojos, las piernas no tienen fuerza, la cabeza da vueltas y vueltas.

Muchas personas no pueden subir más alto y ya en esta altura de 4.800 m se sienten muy mal. A muchos hay que acostarles en el suelo con piernas hacia arriba. Otros se ven pálidos, algunos vomitan.

5.000 metrosLa subida de los últimos 350 metros es muy difícil y dura alrededor de una hora. Cada diez pasos uno quiere renunciar y no caminar más, porque el corazón late fuerte, queriendo salirse del pecho. El esfuerzo de cada paso es indescriptible, pero la alegría de estar allí, arriba de Colombia y ver la nieve tan cerca del ecuador es algo mágico, que borra todo el esfuerzo.

Allí arriba, encima de la bandera de Colombia que marca la altura de 5.000 m donde se quedó mi papá, la emoción es tan grande como si el mundo estuviera bajo nuestros pies. Se siente la impresión de tener por un minuto la posibilidad de pasear en las nubes y de tocar con las manos las estrellas.

Aguas termalesCon mucho frío, pero llenos de alegría, después del descenso a pie que es muchísimo más rápido que la subida y más adelante en el carro que tenía muchas dificultades en bajar de la montaña por la densa niebla que cubría todo el volcán, llegamos a un lugar maravilloso, los termales del Ruiz. Estas aguas azufradas, calientes y terapéuticas, de una temperatura de 60 ºC, salen directamente del volcán Nevado Ruiz. Las piscinas están afuera y a pesar del frío penetrante y la niebla que envuelve toda la zona, zambullirse en las aguas provenientes del gigante Kumanday, estar en sus pies y verlo desde la altura de 3.500 metros es una experiencia inolvidable. Me atrevería a decir que la única en la vida.

 

 

Escalada Subiendo al Nevado

Subiendo al Nevado Mi papá en la altura de 5.000 m

Mario en el volcán Nevado Ruiz

Fotógrafo: Zbigniew Kulak