Feliz Navidad colombo-polaca
lunes, 25 de diciembre de 2006

Esta fue la primera Navidad preparada en nuestra casa en Bogotá. Decidimos no irnos de visita ni a Polonia (donde mi mamá reúne a toda la familia y hace unas fiestas típicamente polacas) ni a Cali (donde la familia de Mario organiza las cosas a lo colombiano), sino tratar de empezar a construir nuestras propias costumbres y hacer nuestra propia historia, muy colombo-polaca.

A continuación, presento un fotorreportaje de cómo fue el 24 de diciembre de 2006 en esta pequeña familia colombo-polaca que decidió juntar las tradiciones de dos naciones bastante diferentes.

La mesa estaba preparada ya desde las horas de la tarde, porque como típica polaca me gusta tener las cosas listas y a tiempo.


Todo estaba preparado: las servilletas, las velas, el árbol navideño, la canela, las mandarinas con clavos, los platos, los cubiertos… Olía delicioso… a nuestra Navidad…


Tratamos de servir esa noche los platos colombianos: como: la natilla, los buñuelos, los duraznos…


Pero no pudo faltar el acento polaco: las obleas mandadas por mi tía Wanda. En Polonia, tenemos la costumbre de compartir las obleas antes de empezar la cena de Navidad para desearnos todo lo mejor, para sentir la unión familiar tan bonita y para estar juntos. Claro, esta costumbre siempre termina con lágrimas de todo el mundo. El problema es que los polacos somos muy sensibles.


Esta es la natilla colombiana preparada por una polaca (aprendo rápido).


Todo listo.


Los buñuelos, deliciosos.


Un vino, muy especial, que esperó varios meses para esta fecha.


Los pasteles polacos: torta de queso (sernik), torta de especias con clavos, nueces, uvas pasas, canela, etc. (piernik), torta de manzana (jabłecznik) y torta de amapola (makowiec) que no es una droga como piensan muchos, hecha por mí la primera vez en mi vida.


Destapando el vino.


Sirviendo.


Los últimos retoques de la mesa para empezar a la hora que es. En Polonia, la costumbre dice que la cena navideña debe empezar con la primera estrella en el cielo como si fuera la estrella de Belén y tomando en cuenta que la Navidad cae en invierno, deberían ser las 5 de la tarde. Nosotros empezamos a las 7h00 en punto.


Las mandarinas con clavos (según Mario una brujería) le daban un olor espectacular a toda la parte de debajo de la casa.


En Polonia, hay una tradición que dice que en la cena navideña tiene que haber un plato para el llamado peregrino cansado que en cualquier momento puede tocar la puerta de nuestras casas y hay que recibirlo y darle comida. Nosotros colocamos un plato, pero con las tarjeticas que simbolizaban las dos familias ausentes, la de Mario (Carvajal - Hurtado – Montaña - Ríos) y la mía (Kulak - Wujek).


Aquí, ya está servida la típica sopa polaca de Navidad: sopa de remolacha con una especie de tortellini es decir orejitas rellenas de repollo y setas.


Durante todo el año esperé este sabor.


¡Está delicioso!


Mario hacía buena cara, pero al final se comió la sopa. Pero la verdad, creo que los tamales le hicieron falta…


El segundo plato… Normalmente, en Polonia, la comida es la carpa. Pero como aquí no logré conseguirla, preparamos el salmón en leche de coco. Salió delicioso. Y como acompañantes: puré de papas y repollo con setas, hecho en casa.


Y para terminar: la natilla colombiana con salsa de mora.