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Costumbres de Colombia
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Las novenas, una tradición muy colombiana PDF Imprimir E-Mail
martes, 19 de diciembre de 2006

A partir del 16 de diciembre a eso de las 6 - 7 de la noche, los salones comunales de los conjuntos cerrados, los centros comerciales, los parques y sobre todo las casas colombianas se llenan de cantos y de alegría. Las familias se reúnen alrededor de los pesebres y árboles de navidad que ya desde hace rato están adornados.

Esta es la famosa Novena de Aguinaldos, una tradición muy colombiana que se desarrolla antes de la Navidad a lo largo de los 9 días (de allí el nombre de la novena) entre el 16 y el 24 de diciembre.

La novena es una costumbre prácticamente desconocida en otros países. Es una muestra tradicional de la religiosidad popular colombiana, es un encuentro, una reunión alrededor del lugar simbólico, el pesebre donde nació el Niño Jesús que tiene como objetivo alabar al Señor y demostrar la alegría de los colombianos por el nacimiento de Dios.

El creador de la novena, según las fuentes oficiales, fue Fray Fernando de Jesús Larrea, un franciscano quiteño, quien a finales del siglo XVIII la envió a su dirigida espiritual, doña Clemencia Gertrudis de Jesús Caycedo Vélez Ladrón de Guevara de Aróstegui y Escoto, fundadora del Colegio de La Enseñanza en Bogotá. En el siglo XIX, una de las religiosas de La Enseñanza, la madre María Ignacia (su nombre verdadero fue Bertilda Samper Acosta) reformó el texto de la novena y compuso los denominados ‘gozos’ (canciones que intercalan los rezos).

La figura central de la novena es el Niño Jesús, alrededor de cuya figura se reúne la gente cada una de las nueve noches para rezar y para cantar los villancicos.

Para mí, desde cuando estoy en Colombia, todas las novenas que conozco las he desarrollado en la casa de mi amiga Orlis. Allí, las novenas constituyen una velada inolvidable, muy familiar y además muy instrumental, porque se toca arpa llanera, piano, guitarra, tiple, sonajeros, caja, etc. Yo hago mucho desorden melódico, porque en cuestiones de música no tengo mucho talento que digamos. El talento mío se fue por otro lado… A la novena de Orlis siempre le acompañan velas, luces navideñas, mucha, mucha gente y la deliciosa comida, siempre muy esperada que viene después de los rezos: el delicioso sabajón, los bunueños y la natilla. Todo esto crea una verdadera magia decembrina.


Pero además de la novena, una tradición muy colombiana relacionada con esta costumbre navideña son los famosos aguinaldos, es decir los regalitos - sorpresas de Navidad. El aguinaldo tiene sus raíces religiosas. La palabra aguinaldo es la evolución etimológica de Au -Gui-l'aneuf. Au (es decir Al Gui) era el nombre del muérdago que los sacerdotes druidas iban a buscar durante un ritual, para luego repartirlo como el regalo más preciado, símbolo de salvación entre todos los creyentes del Edda (biblia del druismo). L'anneuf significa el Año Nuevo.

Tradicionalmente, la costumbre de dar regalos en diciembre fue heredada por las sociedades latinoamericanas de las cultura española. Los españoles se daban los obsequios a través de juegos, en los que los participantes apostaban determinado objeto que en el caso de perder debían entregar a su contrincante. Uno de los juegos más famosos fue "Dar y no recibir" que consistía en tratar de regalarle algo al competidor. Los jugadores aprovechaban entonces todas las ocasiones para ofrecer regalos, objetos o comida y de esta manera demostrar la debilidad de su compañero que debía abstenerse de recibirlos. Si olvidaba el trato, se convertía en perdedor.

Hoy en día, los aguinaldos se obsequian el mismo día que comienzan las novenas y es un elemento extra de esta costumbre para demostrar afecto a todas las personas que nos rodean.

Para leer la novena completa, te invitamos a hacer clic en el siguiente link:

http://www.une.com.co/Uploads/Novena/NovenaUNE.swf

Si deseas escuchar la novena en audio, haz clic en el link de abajo:

http://www.elcolombiano.com/proyectos/navidad/2003/enlinea/Index_Novena.htm

La novena consta de nueve partes. A continuación, presento los textos de la tradicional novena colombiana:

1- ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
2- ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
3- ORACIÓN A SAN JOSÉ
4- REZO DEL DÍA.
5- GOZOS
6- ORACIÓN AL NIÑO JESÚS
7- SALMO
8- INVOCACIÓN FINAL
9- VILLANCICOS

1. ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

(Bendición)
Santo Dios, Rey Omnipotente en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto ellos contienen. Tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá resistir a tu Majestad? Señor, Dios de nuestros padres, ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho "Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe". Escucha pues nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que viviendo alabemos tu santo nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

2. ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Acuérdate oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que alguno de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonados de ti. Animados por esta confianza, a ti acudimos y aunque agobiados bajo el peso de nuestros pecados nos atrevemos a implorar tu favor, pues eres abogada de los pecadores y auxilio de los cristianos. No deseches, oh madre de Dios nuestras humildes súplicas, más bien alcánzanos el perdón por nuestros pecados, luz y aciertos para hacer una buena confesión de todos ellos, virtud para conservar siempre la gracia de Dios y con tu auxilio, conseguir nuestra eterna salvación. Y si conviene para el bien de nuestras almas, te pedimos los siguientes favores (Se piden los favores que cada uno quiera) y deseamos Señora que en todo se cumpla la voluntad de Dios. Amén.

3. ORACIÓN A SAN JOSÉ

Oh Glorioso San José padre adoptivo de Jesucristo y esposo de la Virgen María, por el amor tan grande que tuviste al divino niño y a la santísima virgen, te suplicamos que nos defiendas de todo error y nos libres de los vicios y pecados que tienen afectada la tierra. Oh protector nuestro poderosísimo, así como un día libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, defiende también ahora, a la Santa Iglesia de Dios de tan terribles insidias y de toda desgracia; extiende tu patrocinio sobre cada uno de nosotros, a fin de que, a ejemplo tuyo y confiados en tu socorro, podamos vivir virtuosamente y después de una santa muerte conseguir la felicidad eterna en el Cielo. Amén.

4. REZO DEL DÍA

• CONSIDERACIÓN DÍA PRIMERO

En el principio de los tiempos el verbo reposaba en el seno de su padre en lo más alto de los cielos; allí era la casa, al par que el modelo de toda la creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad, permanecía el niño de Belén. Allí es donde debemos buscar sus principios que jamás han comenzado; de allí debemos dar la genealogía del eterno que no tiene antepasados y cimentar la vida de complacencia infinita que allí llevaba. La vida del Verbo Eterno en el seno de su padre era una vida magnífica. Sin embargo, ¡misterio sublime! Buscaba otra morada, una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad, sino porque su infinita misericordia anhelaba la redención y la salvación del género humano. Salvación que sin él no podría verificarse. El pecado de Adán había ofendido a un Dios y esa infinita no podía ser reparada sino por los méritos de ese mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno. Era pues, necesario para salvarla y satisfacer su culpa, que Dios sin dejar el cielo tomara la forma de hombre sobre la tierra y con la obediencia de los designios de su padre, expiara aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Era necesario en las miras de su amor, que tomase la forma, las debilidades y la ignorancia sistemática del hombre, que creciese para darle crecimiento espiritual, que sufriese para morir a sus pasiones y a su orgullo. Y por todo eso, el Verbo Eterno, arde en deseos de salvar al hombre y redimir al culpable.

• CONSIDERACIÓN DÍA SEGUNDO

El Verbo Eterno se halla a punto de tomar naturaleza creada en la santa casa de Nazareth, en donde moraban María y José. De pronto, la sombra del secreto divino llegó a deslizarse sobre María. Ella estaba engolfada en la oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con Dios y mientras oraba, el Verbo tomó posesión de su morada creada. Sin embargo, no llegó inopinadamente; antes de presentarse envió un mensajero que fue el Arcángel San Gabriel para pedir a María, de parte de Dios, su consentimiento para la encarnación. El creador no quiso efectuar este gran misterio sin la aquiescencia de su criatura. Aquel momento fue muy solemne, era potestativo de María rehusar. Con qué adorables delicias, con qué inefable complacencia aguardaría la santísima trinidad a que María abriese los labios y pronunciase el fíat, que debió ser melodía para sus oídos y con el cual se confirmaba su profunda obediencia a la omnipotente voluntad divina. La virgen inmaculada ha dado su consentimiento. El arcángel ha desaparecido. Dios se ha revestido de una naturaleza creada, la voluntad eterna está cumplida y la creación está completa. En las regiones del mundo angélico estallaba un júbilo inmenso, pero la virgen María no oía ni hubiera prestado atención a él. Tenía inclinada su cabeza y su alma estaba sumida en un silencio que se asemejaba al de Dios. El verbo se había hecho carne y, aún invisible para el mundo, habitaba ya entre los hombres a quienes su inmenso amor había venido a rescatar. No era ya sóLo el verbo eterno; era el Niño Jesús revestido de la apariencia humana y justificado ya el elogio que de él han hecho todas las generaciones al llamarle el más hermoso de los hijos de los hombres.

• CONSIDERACIÓN DÍA TERCERO

Se había comenzado su vida encarnada de Niño Jesús. Consideremos el alma gloriosa y el santo cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente. Admiremos, en primer lugar, el alma de este divino niño, consideremos en ella la plenitud de su gracia santificadora, la de su ciencia beatífica y por la cual desde el primer momento dio su vida, vio la divina esencia más claramente que todos los ángeles, y leyó lo pasado y lo porvenir con todos sus arcanos y conocimientos. No supo nunca por adquisición voluntaria nada que no supiese por infusión desde el primer momento de su ser; pero Él adoptó todas las enfermedades de nuestra naturaleza a que dignamente podría someterse, aún cuando no fuesen necesarias para la gran obra que debía cumplir. Pidámosle que sus divinas facultades suplan la debilidad de las nuestras y les dé una nueva energía, que su memoria nos enseñe a recordar sus beneficios; su entendimiento en Él, a no hacer sino su voluntad, lo que Él quiera a su servicio. Del alma del Niño Jesús pasemos ahora a su cuerpo que era un mundo de maravillas. Una obra maestra de la mano de Dios. No era como el nuestro, una traba para su alma, era, por el contrario, un nuevo elemento de santidad: quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los niños y sujeto a todas las incomodidades de la infancia para asemejarse más a nosotros y participar de nuestras humillaciones. El Espíritu Santo formó ese cuerpecito con tal delicadeza y tal capacidad de sentir, que pudiera sufrir hasta el exceso para cumplir la grande obra de nuestra redención. La belleza de ese cuerpo del Divino Niño fue superior a cuanto se ha imaginado jamás y la sangre que por sus venas empezó a circular, es la que lava todas las manchas del mundo culpable. Pidámosle que lave las nuestras en el Santísimo Sacramento de la penitencia para el día de su dichosa Navidad nos encuentre perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.

• CONSIDERACIÓN DÍA CUARTO

Desde el seno de su madre, comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios y la continuó sin la menor interrupción durante toda su vida.
Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se prometía a su voluntad, aceptaba con resignación el estado en que se hallaba, conociendo toda su debilidad, todas las humillaciones, todas las incomodidades. ¿Quiénes de nosotros quisiéramos retroceder a un estado semejante, sin el pleno goce de la razón y de la reflexión? ¿Quién pudiera sostener, a sabiendas, un martirio tan prolongado y tan lleno de penurias? Por ahí entró el Divino Niño a su dolorosa y humillante carrera; así empezó a anonadarse delante de su padre, a enseñarnos lo que Dios merece por parte de sus criaturas, a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados y ha hacernos sentir toda la criminalidad y el desorden de este orgullo. Sí deseamos hacer una verdadera oración, empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando el Niño en el seno de su Madre. El Divino Niño ora del modo más excelente; no habla, no medita, no se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado lo acepta con la intención de honrar a Dios en su oración y en ese estado expresa todo lo que su Dios merece y de qué modo quiere ser honrado por nosotros. Unámonos a las oraciones del Niño Dios en el seno de María: unámonos a su profundo abatimiento y sea este el primer afecto de nuestro sacrificio a Dios, no para ser algo, como lo pretende constantemente nuestra vanidad, sino para ser nada, para estar eternamente consumidos y anonadados, para renunciar a la estimación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza, aunque sea espiritual, a todo movimiento de vana gloria. Desaparezcamos a nuestros ojos y que sea Dios todo para nosotros.

• CONSIDERACIÓN DÍA QUINTO

Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su Madre. Veamos hoy la vida que llevaba María durante este mismo tiempo. Necesidad hay de que nos detengamos en ella si queremos comprender, en cuanto sea posible, nuestra limitada capacidad, los sublimes misterios de la Encarnación y el modo como hemos de corresponder a ellos. María no cesaba de suspirar por el momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre, "la faz de Dios encarnado". Estaba a punto de ver aquella faz humana que había de iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos debían esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a ver aquel rostro todos los días, a todas horas, a cada instante durante muchos años. Iba a ver la aparente ignorancia de la niñez, los encantos particulares de la juventud y la serenidad reflexiva de la edad madura. Había todo lo que quisiese de aquella faz divina, podría estrecharla contra la suya con toda la libertad del amor materno. Cubriría de besos los labios que debía pronunciar la sentencia a todos los hombres. Lo contemplaba a su gusto durante su sueño o despierto hasta que lo hubiese aprendido de memoria. Cuan ardientemente deseaba ese día. Tal era la vida de expectativa de María que era inaudita en sí misma, no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No, no nos contentemos con mirar a Jesús en María, sino que pensemos que en nosotros también habita por esencia, potencia y presencia. Si Jesús nace continuamente en nosotros por las buenas obras que nos hace capaces de cumplir y por nuestra cooperación con la gracia, es un seno perpetuo de María, un Belén interior sin fin. Después de la comunión Jesús habita en nosotros durante algunos instantes y sustancialmente como Dios y como hombre, porque el mismo niño que estaba en María, también está en el Santísimo Sacramento. ¿Qué es todo eso sino una participación de la vida de María durante esos maravillosos meses y una expectativa tan llena de delicias como la suya?

• CONSIDERACIÓN DÍA SEXTO

Jesús había sido concebido en Nazareth, domicilio de José y de María y allí era de creerse que había de nacer según todas las posibilidades. Más Dios, lo tenía dispuesto de otra manera y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliera esta predicción, Dios se valió de un medio que no parecía tener ninguna relación con el objeto. El emperador Augusto dio la orden perentoria de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José, como descendientes de David, no estaban dispensados de ir a Belén, ni la situación de La Santísima Virgen y tampoco la necesidad de José de tener un trabajo diario que le asegurará su subsistencia, pudo eximirlos de este largo y penoso viaje en la estación más rigurosa e incomoda del año. No ignoraba Jesús en que lugar debía nacer y así inspira a sus padres a que se entreguen a la Providencia y de esta manera concurran inconscientemente a la ejecución de sus designios. Almas interiores, observad ese manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual, aprended que Él se halla entregado a Dios, ya no ha de pertenecer a si mismo ni a cada instante sino lo que Dios quiera para Él, siguiéndole ciegamente aún en las cosas exteriores tales como el cambio de lugar, dondequiera que le plazca conducirle. Ocasión tendréis de observar esta dependencia y esta fidelidad inviolable en toda la vida de Jesús y este es el punto sobre el cual se han esmerado en imitarle los santos y las almas verdaderamente interiores, renunciando absolutamente a su propia voluntad.

• CONSIDERACIÓN DÍA SÉPTIMO

Representémonos el viaje de María y José hacía Belén, llevando consigo, aún no nacido al Creador del Universo, hecho hombre. Contemplemos la humildad y la obediencia de ese Divino Niño, que aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un principio extranjero que forma el censo de la población de su providencia como si hubiese para Él en esa circunstancia, algo que le halagase y quisiera aprovechar la ocasión para hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito de, en el momento en que venía al mundo. ¿No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnacia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atracción al creador? ¿No nos enseña la humildad de Jesús a amar esta hermosa virtud?
¡Ah! que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones porque todo clama por este feliz acontecimiento. El mundo, sumido en la oscuridad y el malestar, busca y no encuentra alivio a sus males y suspira por su libertador. El anhelo de San José y la expectativa de María, son cosas que no puede explicar el lenguaje humano. El padre eterno se halla, si no lícito emplear esta expresión, impaciente por dar su hijo único al mundo y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esa Santa Humanidad tan bella, que él mismo ha formado con tan especial esmero.
En cuanto al divino niño, objeto de tantos anhelos, recordamos que avanza hacia nosotros lo mismo que hacia Belén. Apresuremos con nuestros deseos el momento de su llegada. Purifiquemos nuestros corazones para que sean mansión terrenal, que nuestros actos de mortificación y desprendimiento preparen los caminos del señor y hagan rectos sus senderos.

• CONSIDERACIÓN DÍA OCTAVO

José y María llegan a Belén buscando hospedaje en los mesones, pero no encuentran, ya por hallarse todo ocupado, ya por causa de la pobreza. Pero nadie puede turbar esa paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando eran rechazados de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sentíase también en santa tranquilidad cuando fijaba su mirada en su casta esposa. El niño, aún no nacido, regocijábase ante aquellas negativas que eran el preludio de las humillaciones venideras. Cada voz áspera, el ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos, era una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que contribuido a tomar forma humana. ¡Oh Divino Niño de Belén! Estos días que han pasado en fiestas y diversiones o descansando muellemente en cómodas mansiones, han sido para nuestros padres unos días de fatiga y vejaciones de toda clase. El espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios. ¿Cuántas veces no ha sido también el nuestro? ¿No cerramos continuamente, con ruda ignorancia, la puerta a los llamados de Dios, que nos incita a convertirnos o a santificarnos o confirmarnos con su voluntad? ¿No hacemos mal uso de nuestras penas, desconociendo su carácter celestial? Dios viene a nosotros muchas veces en la vida, pero no conocemos su faz, no lo conocemos sino cuando nos vuelve la espalda y se aleja, después de nuestra negativa. Ponse el sol del 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que la rodean. Hombres groseros que condenan rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental y cierran las puertas al ver a su madre. Las bóvedas de los cielos se destacan purísimas, por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas van apareciendo una tras otra. Algunas horas más y se presentará el Verbo Eterno.

• CONSIDERACIÓN DÍA NOVENO

La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechado por los hombres y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los Ángeles el asno que le había servido de cabalgadora durante el viaje y en aquella cueva hallaron un manso buey dejado ahí, probablemente por alguno de los caminantes que había ido a buscar hospedaje en la ciudad. El Divino Niño desconocido por las criaturas racionales, debe recurrir a las irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera de esa noche de invierno y le manifiesten con su humilde actitud, el respeto y la adoración que le había negado Belén. La rojiza linterna que José tenía en la mano, iluminaba tenuemente ese paupérrimo recinto, ese pesebre lleno de paja que es figura profética de las maravillas del altar y de la íntima y prodigiosa unión que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en adoración en medio de la gruta y así van pasando silenciosamente las horas de esa noche de misterio. Pero ha llegado la media noche y de repente vemos dentro de ese pesebre poco antes vacío, al Divino Niño, esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos. A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una admiración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le rinde homenaje con el que inaugura su misterio imponderable de oficio del padre putativo del redentor de los hombres. La multitud de ángeles que descienden del cielo a contemplar esa maravilla sin par, deja estallar su alegría y hace vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis, que es eco de adoración que se produce en el trono del Altísimo y que hace perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra las armonías celestiales. Convocados por los ángeles, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al Niño recién nacido y a presentarle sus humildes ofrendas. Ya brilla en el oriente la misteriosa estrella de Jacob y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolo de la caridad, la adoración y de la mortificación. ¡Oh adorable Niño! Nosotros también, los que hemos hecho esta novena para prepararnos para el día de tu natividad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración; no la rechacéis, venid a nuestras almas, venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended el ellos la devoción a nuestra infancia, no intermitente y solo circunscrita al tiempo de vuestra natividad, sino siempre en todos los tiempos; devoción que fiel y celosamente propagada nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas

5. GOZOS

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
Ven a nuestras almas ven no tardes tanto."

Oh esperanza suma del Dios soberano
Que al nivel de un niño te hayas rebajado
Oh divino infante ven para enseñarnos
La prudencia que hace verdaderos sabios.

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
ven a nuestras almas ven no tardes tanto."

Rey de las naciones.
Emmanuel preclaro De Israel anhelo,
pastor del rebaño Niño
que apacientas con suave cayado
Ya la oveja arisca, ya el cordero manso.

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
ven a nuestras almas ven no tardes tanto."

Abránse los cielos
y llueva en lo alto Bienhechor rocío
como riego santo Ven hermoso niño.
Ven Dios humanado.
Luce hermosa estrella.
Brota flor del campo.

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
ven a nuestras almas ven no tardes tanto."

Ven que ya María previene sus brazos
que su niño vean en tiempo cercano.
Ven que ya José con anhelo sacro
se dispone hacerse de tu amor sagrario.

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
ven a nuestras almas ven no tardes tanto."

Del débil auxilio del doliente
amparo consuelo del triste.
Luz del desterrado
Vida de mi vida,
mi dueño adorado.
Mi constante amigo.
Mi divino hermano.

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
ven a nuestras almas ven no tardes tanto."

Ven Salvador Nuestro por quien suspiramos.

"Dulce Jesús mío mi niño adorado
ven a nuestras almas ven no tardes tanto".

6. ORACIÓN AL NIÑO JESÚS

Acuérdate oh dulcísimo Niño Jesús que has dicho "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada. Si queréis agradarme, confiad en mí. Si queréis agradarme más, confiad más. Si queréis agradarme inmensamente confiad inmensamente en mí. Según sea vuestra fe, tal serán las cosas que sucederán". Nosotros queremos confiar inmensamente en ti. Por los méritos de tu infancia ayúdanos a llevar una vida santa. Perdónanos nuestras culpas, líbranos del castigo que merecemos por nuestros pecados y de todos los peligros para el alma y el cuerpo. Concédenos aquellos favores que más estamos necesitando y después de una vida llena de paz, de alegría y de buenas obras, llévanos a la gloria del paraíso donde con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

7. SALMO

Alabad al Señor todas las gentes. "Alabad al Señor todas las gentes". Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos. "Alabad al Señor todas las gentes." Porque es grande su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. "Alabad al Señor todas las gentes." Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. "Alabad al Señor todas las gentes".

8. INVOCACION FINAL

Oremos por el santo padre el Papa, por los obispos, sacerdotes, religiosos, misioneros y apóstoles laicos para que el Señor los lleve a la santidad y les conceda la gracia de salvar muchas almas, oremos al señor. "Escúchanos Señor". Por los pobres, los enfermos, los sin empleo, los angustiados, los que están en grave peligro de cuerpo o de alma, y los moribundos para que el Señor los proteja, los consuele y los ayude y les conceda la gracia de ganarse con sus sufrimientos un gran premio en el cielo. Oremos al señor. "Escúchanos Señor". Por todos los pecadores del mundo para que abandonemos nuestra vida de pecado y empecemos desde hoy una vida santa según la voluntad de Dios. Y para que el Señor nos perdone y no nos castigue como merecen nuestras culpas, oremos al señor. "Escúchanos Señor". Para todos los que hacemos esta novena en el mundo entero, para que amando a Dios con todo el corazón y sobre todas las cosas y amando al prójimo como nos amamos nosotros mismos consigamos la bendición del cielo y la eterna salvación, oremos al Señor. "Escúchanos Señor". Por las almas de los fieles difuntos para que el Señor les perdone las faltas que por debilidad cometieron y les lleve muy pronto a la gloria eterna del Paraíso, oremos al Señor. "Escúchanos Señor". Todo esto te lo pedimos Padre, en el nombre de tu hijo Jesucristo quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. (Bendición).

9. VILLANCICOS

 
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