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Cuando una lavadora se daña PDF Imprimir E-Mail
viernes, 07 de abril de 2006

Uno nunca piensa en objetos, podría parecer, tan triviales, como la plancha, la estufa, el calentador de agua, el televisor o la lavadora, hasta que dejen de funcionar. En aquel momento, sí nos damos cuenta de todo el significado y la importancia de estos aparatos.

Hoy me di cuenta de que la vida se vuelve muy difícil cuando una persona se acostumbra a la comodidad de la lavadora y de un momento a otro la pierde. Hoy se me dañó la lavadora. Funcionaba bien y en un segundo dejó de centrifugar y se quedó quietica con toda la ropa remojada dentro. Fue en aquel momento que me acordé de Omaira.

Omaira lavandoPodría parecer que antes que la electricidad se descubriera, lavar ropa no era nada sencillo. Las mujeres se juntaban en las orillas de arroyos o ríos para golpear y fregar la ropa contra las piedras, mientras conversaban y cantaban. Ahora, a pesar del desarrollo de la tecnología, en muchas casas colombianas las empleadas de servicio realizan estas tareas diariamente de manera muy parecida a la tradicional sin usar la lavadora.

Omaira es una niña indígena que trabaja en la casa de mis amigos en Cali, como muchacha de servicio interna. Todos los días se levanta a las 5 de la mañana para alcanzar con las tareas, poner el agua a hervir para el café y exprimir el jugo de naranja. Cuando la pregunto, cuántos años tiene, me responde: “Doscientos”. Ella es bajita, acorpada, tiene la piel de un color muy bonito, entre canela y café oscuro, con muy poca leche. Sus ojos son negros y parecen dos estanques profundos, sin fondo, soñadores. Una de las tareas que Omaira ejerce todos los días durante una hora, es lavar la ropa, pero ella no lo hace en lavadora sino lava a mano los jeans, sacos, faldas y camisas. Lava en agua fría, porque, como me explica, así mejor se quita la mugre. Remoja la ropa, le echa el jabón en barra, friega la ropa y la enjuaga.

El lugar destinado a lavar la ropa es la llamada alberca, un lavabo grande, construido de azulejos, con grifo de agua que siempre se encuentra detrás de la cocina o en los patios de las casas. Lavar así, con las manos congeladas la ropa tan terriblemente pesada como los jeans mojados me parece una tarea tan supremamente difícil, como cortar la caña con machete en las plantaciones.

Hasta que no me arreglarán la lavadora, me tocará lavar la ropa a mano, en la alberca de la cocina que hasta este momento servía como armario de jabones, toallas y bolsas de basura. Con tal de que no me traigan la lavadora ambulante que se mueve por aquí de vez en cuando… Pero esta será historia para el otro día.

 
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