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Soldados armados en las calles PDF Imprimir E-Mail
jueves, 30 de marzo de 2006

Llegué a Bogotá en agosto del año 2003 y lo primero que llamó mi atención cuando salí del aeropuerto, no fueron las montañas verdes y monstruosas que abrazaban la ciudad, no fue el sol radiante, ni las palmeras. Fueron los soldados en las calles que ponían en evidencia un país en guerra. Sesenta años de conflicto armado, para ser exacta.

Cuando uno viene por primera vez a Colombia se choca con la realidad del conflicto armado visible en cada esquina. A mí me asusta mucho ver a los hombres vestidos de guerra con ametralladoras y colares de muerte de balas colgados en los cuellos. Así vestidos y armados caminan por los centros de las ciudades. Están delante de la catedral, del palacio del presidente, en las esquinas de barios históricos...

Soldados armadosLos primeros días de mi estadía, con mucho cuidado estaba pasando al lado de estos soldados armados, tratando de no colocar el pie debajo del cañón del fusil, para que por si acaso un soldado asustado o sorprendido por algo no me disparara, provocando mi mutilación para toda la vida.

En Colombia, a un recién llegado le aterran los controles constantes en toda parte: en el banco donde para cualquier transacción uno debe dejar sus huellas dactilares del dedo índice; en la entrada del cine siempre hay dos policías que hacen abrir los bolsos a las mujeres y requisan a los hombres; en la entrada y salida del supermercado hay que mostrar las compras; en las estaciones del transporte público siempre están parados soldados que revisan las mochilas, en la mayoría de los casos a las personas que tienen mucha prisa (a los que caminan despacio, no les molestan); en la entrada al centro comercial, museo, teatro y restaurante uno tiene que bajarse del carro, abrir el baúl y demostrar que no lleva a ningún guerrillero o ninguna bomba, cosas absurdas en el siglo XXI donde una bomba no tiene que ocupar mucho espacio, porque con el desarrollo de la tecnología cabe perfectamente en los marcos de las gafas o en el bolígrafo que llevamos en el bolsillo. Son controles sin sentido, que molestan, que hacen perder el tiempo y la paciencia. Controles demasiado fáciles a engañar…

Soldados en las callesPero esto no es lo peor. Más risa me provocan las brigadas antiguerrilleras compuestas de hombres con caras pintadas de color verde y negro, en cascos y vestidos que parecen a los Terminators colombianos, más apropiados para esconderse en la selva o en la montaña y no en las principales calles de la capital donde se ven ridículos. Este espectáculo de los soldados vestidos de guerra, con armas, botas y balas no hacen nada más sino sembrar el pánico y el miedo.

Con el tiempo, la imagen del ejército armado hasta los dientes en toda parte no extraña tanto. La verdad es que uno no se puede acostumbrar a este estado de cosas, pero poco a poco empieza a aceptarlo y convencerse a si mismo, como nos hacen creer, que así estamos más seguros. Al fin de cuentas, estamos en guerra y a nadie lo vamos a engañar…




 
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