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Parejas binacionales: ¿ventajas o problemas? PDF Imprimir E-Mail
martes, 31 de enero de 2006

Desde hace rato venía hablando con mis amigas, novias de los extranjeros, sobre un texto dedicado a las parejas binacionales para contar sobre nuestras vidas, obstáculos, pero también una experiencia enriquecedora e interesante desde el punto de vista sociológico.

Las viejas reglas del amor dicen que las parejas suelen ser más felices si se componen de miembros parecidos, que pertenecen a un estatus social semejante, que han recibido la educación de nivel equivalente o que nacieron dentro de la misma cultura y región. Con esto se supone garantizar un mejor entendimiento y convivencia. Pertenecer a religiones y razas distintas, haber nacido en distintas regiones del mundo, hablar idiomas diferentes, estar acostumbrados a alimentos incompatibles puede provocar complicaciones en la convivencia diaria.

Uno de los resultados de la globalización son las parejas y los matrimonios binacionales, es decir compuestos de personas pertenecientes a dos nacionalidades diferentes. En la actualidad, estas relaciones ya no despiertan tantas emociones como hace 20 años. Según las estadísticas, las mujeres polacas por ejemplo, conocidas en todo el mundo como buenas madres y excelentes esposas, tienden a relacionarse con los extranjeros, sobre todo con habitantes de Europa Occidental o norteamericanos para asegurarse el mejor futuro.

Otro ejemplo muy parecido es Suiza, el país más rico del mundo, con el PIB per cápita de 52.879 dólares en el año 2005, después de Luxemburgo y Noruega donde, según los datos de la Oficina Federal de Estadística, uno de cada tres matrimonios es binacional. Los suizos se casan sobre todo con italianas, francesas y latinas que les parecen más “interesantes” que sus compatriotas. Las extranjeras, en cambio, esperan buenas condiciones económicas.

Vivir en una relación mixta es aceptar todos los obstáculos jurídicos, sociales, culturales y financieros que aparecen en nuestro camino. Es un verdadero desafío que hay que asumir y saber manejar muy bien, para que nuestra vida nos se nos vuelva imposible.

Nuevo hogar y nueva patria
En las parejas binacionales la convivencia implica que la mujer o el hombre estén obligados a abandonar su país, su familia y su entorno social y cultural. Adaptarse a la vida en un país extraño no es fácil. El primer inconveniente que encontraremos, es la cuestión de cómo conseguir el trabajo acorde con nuestra capacitación profesional y no terminar como ama de casa o profesora de inglés, como la mayoría de las mujeres extranjeras que vienen a Colombia.

Idioma y cultura
El idioma constituye solo uno de los factores que influyen en la comunicación entre las personas. Para lograr a comprender verdaderamente a nuestra pareja es necesario conocer el contexto social, los aspectos culturales, las costumbres, diferentes formas de ver y vivir la vida. El desconocimiento del idioma y de la cultura de un país en la mayoría de los casos provocan el aburrimiento y la separación.

Añoranza de la tierra
Otro problema de las parejas mixtas con el que hay que aprender a convivir, es la añoranza de la tierra natal, de la familia y de los amigos. En la actualidad, con el teléfono, la Internet y el transporte aéreo las distancias ya no parecen tan grandes como hace 100 años, cuando el único medio de transporte entre continentes fueron los barcos y las cartas tardaban meses en llegar.

Ventajas e inconvenientes del plurilingüismo
Las parejas binacionales suelen comunicarse en un idioma que, al menos para una de las partes, no es el idioma nativo. Si la pareja se comunica en un idioma extranjero para ambos, las condiciones se vuelven similares para ambos integrantes, pero si uno de ellos habla su lengua materna, puede surgir un desequilibrio en la comunicación. De todas formas, el plurilingüismo ofrece también la posibilidad de aprender un nuevo idioma y da la ventaja de hablar con los hijos desde pequeños en varias lenguas.

En mi modo de ver, no existe un país perfecto para las parejas mixtas. Siempre una de las personas sufre. Si estamos en Colombia, yo soy la que extraña, si escogemos a Polonia, Mario añorará. A veces pienso que un buen lugar sería un país nuevo para ambos, donde él y yo seríamos extraños.

Como polaca residente un país tan lejano y diferente culturalmente como es Colombia, siempre me siento distinta y ahora entiendo el comentario de mi amiga barranquillera, Milena, que lleva viviendo en Polonia más de 15 años: “uno se siente como si estuviera con un pie en Europa y el otro en América del Sur. Tú misma cambias. En Polonia no te ven como polaca y en Colombia no eres colombiana.” Es cierto. Después de tres años en Colombia, he adquirido muchos comportamientos colombianos y he cambiado mi modo de ver la vida, mis costumbres, mi visión del mundo. Tal vez he madurado… a lo colombiano.

Sé que estar en una relación binacional es una experiencia enriquecedora, que enseña ser flexible, tolerante, abierto a otra gente. A Mario le gustan las galletas con leche, yo las tomo con el café; él se baña por las mañanas; yo, por las noches; él prefiere las cenas calientes, para mí lo mejor es un sándwich con lechuga, queso amarillo, jamón, tomate y cebolla larga; a él los regalos en Navidad le trae El Niño Dios; a mí, Papa Noël; él no sale a la calle con 5 grados; para mi 25 bajo cero es el clima normal de diciembre. Las diferencias existen, son motivo de preguntas, de historias, de explicaciones y risas y gracias a ellas nuestra vida está muy completa y llena de tolerancia.

 
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