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Pepinos fermentados con café PDF Imprimir E-Mail
domingo, 29 de enero de 2006

Pepinos fermentadosCuando una persona se va de su país para vivir en el otro, la primera sensación que siente es la falta de la familia y de los amigos. En las primeras semanas todos llamamos a nuestras casas para hablar con los parientes y sentirnos un poquito más cerca de ellos. Más adelante, cuando ya nos acostumbramos un poco a las nuevas condiciones, empezamos a conocer a nuevos amigos y formar un círculo de amistades, llega un momento cuando extrañamos la comida de nuestro país.

A mí, en Colombia me da muy duro la falta de los embutidos, de quesos y de chocolate. Los colombianos tienen apenas unas cuantas variedades de jamón empacado al vacío que no tiene nada que ver con el verdadero jamón campesino rodeado de una grasita deliciosa. Aquí no hay patés, salchichas, lomos ahumados, etc. Quesos son normalmente escasos, importados y muy costosos. Los dulces colombianos también son diferentes a los polacos. Aquí se come el arequipe (siempre acompañado de una taza de leche fría), bocadillo (especie de gelatina de guayaba), Manimoto (maní cubierto de sal) o chocolatinas Jet.

Además de los embutidos, quesos y chocolate lo que más falta me hace en Colombia son los ingredientes de las recetas de cocina polaca: apio ceba (aquí solamente se comercializan las hojas del apio y el único apio ceba se puede conseguir de vez en cuando en la red de supermercados Pomona), la raíz de perejil, limones amarillos, repollo y pepinos fermentados.

No se imaginarán mi alegría, cuando esta mañana recibí en Casa Polaca un paquete lleno de muestras de los productos polacos provenientes de la empresa Smak de un pueblo polaco, Żory. Nos llegaron: mermeladas de frambuesa, guinda y grosella, setas adobadas, ciruelas e higos en almíbar, remolacha rallada, repollo y por supuesto un tarro de un kilo lleno de pepinos fermentados, abierto, y solamente gracias a esto se me dio la oportunidad de sacar un pepino y comerlo. Desde hace un largo rato no he sentido un placer tan grande como este. Cuando mientras tomaba el café, mordí el pepino, mis compañeros colombianos del trabajo me miraron con caras de sorpresa-asco-traición. Fue un momento inolvidable, la vuelta mágica a mi casa alejada a diez mil kilómetros y a los sabores de gastronomía de Polonia

Pero guardo la esperanza de que muy pronto los sabores de mi patria aparezcan en los supermercados en Colombia, porque todas las muestras que nos han mandado transmitiremos en los próximos días a Carrefour Colombia para que los colombinos tengan la posibilidad de probar las delicias nuestras.

 
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