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Costumbres de Colombia
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miércoles, 21 de septiembre de 2005

LustrabotasDesde hace rato me irritan mucho las relaciones interpersonales que se manejan en todos los campos profesionales en las empresas colombianas. Los colombianos, en general, comparándoles por ejemplo con los españoles, son muy educados y muy amables. En su vocabulario hay muchas expresiones de cortesía, como, por ejemplo: a sus órdenes, con mucho gusto, el placer es mío, etc.

En la lengua española existen dos posibilidades de denominar a una persona: señor y don. Como nos muestra el Diccionario de la Real Academia Española:

Señor, ra (Del lat. senĭor, -ōris).
1. adj. Que es dueño de algo; que tiene dominio y propiedad en ello.
[…]
4. m. y f. Persona respetable que ya no es joven.
[…]
6. m. y f. Amo con respecto a los criados.
7. m. y f. Término de cortesía que se aplica a un hombre o a una mujer, aunque sea de igual o inferior condición.
[…]
18. f. Mujer o esposa.

Don (Del lat. domĭnus).
1. m. Tratamiento de respeto, hoy muy generalizado, que se antepone a los nombres masculinos de pila.

Uno de los especialistas de las normas de diplomacia y protocolo, Patricio Latapiat Hormazábal, en el “Manual de Ceremonial Público y Protocolo de la República de Chile” explica que el título ‘señor’ se antepone al apellido de un varón, de una mujer casada o viuda, p.ej. Señor González, Señora Pérez o al cargo que desempeña, p.ej. Señores diputados. El término ‘don’ o ‘doña’ precede siempre al nombre, p.ej. Don Pedro, Doña Luisa.

Desde cuando estoy en Colombia, noto, con bastante frecuencia, un fenómeno de doctoritis entre los empresarios de este país. Los colombianos se burlan de los habitantes de la ciudad más aristocrática de Colombia, Popayán, donde esta costumbre es muy popular. ‘Doctor’ es también el título que les dan los lustrabotas a sus clientes.

En varias empresas los trabajadores se dirigen a los demás con el término ‘doctor’, esperando que estos a su vez le devuelvan el término. En efecto este intercambio de llamados les excita y les hace sentirse mejor. Esta tarde, bastante confundida y molesta por este continuo: ‘doctor y doctor’, me puse a buscar en la biblia de la lengua española que es el Diccionario de la RAE qué significa ‘doctor’ y miren lo que encontré:

Doctor, ra. (Del lat. doctor, -ōris).
1. m. y f. Persona que ha recibido el último y preeminente grado académico que confiere una universidad u otro establecimiento autorizado para ello.
2. m. y f. Persona que enseña una ciencia o arte.
3. m. y f. Título que da la Iglesia con particularidad a algunos santos que con mayor
profundidad de doctrina defendieron la religión o enseñaron lo perteneciente a ella.
4. m. y f. coloq. Médico, aunque no tenga el grado académico de doctor.

Estas definiciones me aclararon la duda. Lingüísticamente hablando, nadie tiene derecho a utilizar el título de ‘doctor’ para nombrar así a una persona que no tiene grado académico de doctor de la universidad, no es médico o santo. Y no importa que uno se sienta mejor o más importante. Así, que, señores empresarios, ¡dejen de ser ridículos y ponerse títulos que no poseen y que no han logrado con sus propias fuerzas!

 
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