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Muchachas de servicio – mujeres que barren la ignorancia PDF Imprimir E-Mail
sábado, 10 de septiembre de 2005

“A las cinco y media me levantaba y preparaba el desayuno y lo servía. Entonces la señora se iba y yo limpiaba, le daba el desayuno a la niña y desayunaba a eso de las nueve. La niña tenía seis años y medio. Después lavaba la ropa de toda la familia. Después […] trapeaba, preparaba el almuerzo, bañaba a la niña y trapeaba. Trapeaba tres veces al día. Después servía el almuerzo, limpiaba los baños, arreglaba los cuartos, […] limpiaba; y después preparaba la cena… Después de la cena limpiaba los platos y planchaba por la noche.”
/Alma, Mónica F., de 17 años/

La criadaSe las llama de diferentes formas: sirvienta doméstica, empleada, chacha, mucama, criada, muchacha, etc. Según los censos y las encuestas, las empleadas domésticas, que sirven a una familia dentro de su casa, representan entre una quinta y una tercera parte de la fuerza laboral femenina, dependiendo del país, en Latinoamérica. En Colombia del 567 mil menores entre 6 y 18 años, 323 mil laboran en el servicio doméstico.

Desde el siglo XIX, las empleadas domésticas han tenido una gran influencia en el espacio familiar colombiano. Sobre ellas ha recaído la responsabilidad fundamental de criar, educar y atender a los niños de las clases altas y medias para que sus madres pudieran disfrutar de otro tipo de actividades y distracciones; ellas han garantizado la alimentación y la higiene del hogar; ellas han preparado a la vida sexual a los hombres. La empleada doméstica fue un mediador cultural muy importante en esta sociedad.

La muchacha de servicioDesde los principios de este oficio, las empleadas provenían de las comunidades negras e indígenas. Las difíciles condiciones de la vida campesina hacían que los padres ofrecían el trabajo de sus hijas, prefiriendo verlas empleadas en casas de familias adineradas que en las fábricas. En muchos casos, las jóvenes no recibían salario, sino la alimentación y la ropa que desechaban las señoras de la casa. Por otra parte, a las muchachas les atraía el progreso y la vida urbana.

Muchas de estas mujeres eran muy ingenuas. Por esta razón, se convertían en víctimas de una sexualidad agresiva, como lo confirman las novelas y expedientes judiciales de esta época. Otras, ingenuamente engañadas con promesas de matrimonio, accedían a pruebas de amor que a veces terminaban en embarazos indeseados. Para los señores de hogar, las campesinas del servicio doméstico, además de tener el atractivo cuerpo joven y la sexualidad posiblemente más atrayente que la de la esposa, ofrecían la seguridad de no estar contaminadas de enfermedades venéreas, como sucedía con muchas prostitutas.

Hoy en día, prácticamente en todas las casas de la clase media y alta encontramos a una empleada de servicio. En los edificios modernos de ciudades grandes cada apartamento tiene detrás de la cocina un cuarto con el baño para la empleada. Pero realmente poco es lo que se sabe de la vida real de estas mujeres que tanta influencia han tenido en la vida familiar y cotidiana de la sociedad colombiana.

La mucamaLa mayoría de ellas, de origen campesino, indígena y negro vienen a las ciudades grandes por problemas económicos, falta de oportunidades laborales y educativas, violencia y desplazamiento. En las casas de sus dueños realizan regularmente una gran variedad de tareas del hogar: limpian, cocinan, lavan los platos y la ropa, planchan, cuidan a los niños y hacen compras. No tienen un horario fijo (la OIM informa que a la mayoría de estas mujeres se les obliga al cumplimiento de dobles o triples jornadas de trabajo) y son sometidas a abusos sexuales, maltrato físico, psicológico, verbal, encierros y requisas exhaustivas.

La presencia de las muchachas de servicio se ve reflejada en todos los espacios diarios de la vida. En los últimos días, en el diario más popular de Colombia, El Tiempo, apareció una información acerca de un nuevo éxito musical de los Hermanos Osorio: Pedro (Pello) y Dagaberto (El negrito), el vallenato dedicado a la niña del servicio. Es una canción, inspirada en una historia muy telenovelera de amor entre un hombre adinerado y una mujer humilde que promueve un concurso entre las jóvenes del servicio. La idea es que ellas relaten sus testimonios de vida. Los cinco más conmovedores o dramáticos recibirán tiquetes para viajar a cualquier parte de Colombia.

Los sueños de estas mujeres parecen más grandes que la vida misma. Sus anhelos se evidencian en el brillo de sus ojos, sus gestos y sus voces, pero el peso de la vida que les tocó cargar y la cantidad de deberes domésticos no les dan tiempo para gozarla.

 
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