Los habitantes de Cali suelen pasar las tardes calientes en sus apartamentos y casas, recostados en las hamacas a rayas de mil colores, columpiándose tranquilamente y tomando los ricos jugos naturales. Por las noches, salen a sentarse en las gradas de los edificios calentadas por el sol, que en esta región del mundo casi no se esconde. Allí hablan, se ríen, chismosean, cuentan las historias y se encuentran con los amigos y con los vecinos.
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